Sabtu, 10 Mei 2014

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Quedáte un rato más

No te nos vayas, Diez. Vos sos lo más grande que tiene Boca. Vos sos lo más grande que alguna vez tuvo. Mirá el escudo que portás en tu pecho. ¿Ves las estrellas? No las cosió un tipo; las construiste vos. El hincha lo sabe, el verdadero hincha, ese que te alienta hasta cuando estás roto, que te grita su cariño a pesar de que la tires a la mierda, porque eso no importa, porque el presente es irrelevante. Y sin embargo, irrelevante y todo, vos hoy en día sos el único que juega. Este tipo, el Burrito Martínez, juega de a ratos y corre a las atolondradas, y cobra lo mismo que vos. ¿Cuántos goles metió en el torneo? ¿2, 3? Y vos, que no sos delantero y que jugaste la mitad del torneo, metiste 5. ¿Por qué creés que el hincha te quiere? No te ama por la gloria, por el oro, por haber hecho de Boca un club más grande; después de todo, si así fuera, serías un ídolo más, e ídolos tenemos muchos. El hincha te ama porque vos sos el distinto, ese que en la cancha no es uno más, ese que marca la diferencia, el de los códigos, el que no corre como Messi pero define un partido como ningún otro. Tus palabras nos identifica. Cuando le espetás al periodista "No te gusta hablar de fútbol, ¿no? Hablemos de fútbol", no estás siendo un arrogante de mierda, sino, ese hombre humilde que representa al hincha de Boca, ese que no quiere armar quilombo, no quiere hacer del club de sus amores un cabaret, simplemente quiere ver a su equipo jugar, quiere verlo ganar, quiere salir campeón y que la vuelta que da no se le olvide más. Así sos vos, así somos nosotros. Ningún otro nos representa como nos representás vos. Vos sos Riquelme, el de mirada despectiva con aquellos que se la merecen y sonrisa febril con los justos. Vos sos ese que a un nene de diez años le acaricia del otro lado del alambrado, y que sin embargo termina el partido y se enfrenta a la prensa. Y contáme, ¿por qué la prensa se te tira en contra? Porque vos no das de qué hablar. Sos un tipo sencillo, Román, que no se va a un boliche luego de un partido para garcharse a minitas, que nunca le metió los cuernos a su mujer, que siempre amó a su hijo, que siempre tuvo de amigo a su hermano, sos esa persona chapada a la antigua, que en esta sociedad perdida falta.


¿Sabés, Román, lo que me van a preguntar mis hijos? "Papá, ¿es verdad que vos viste jugar a Juan Román Riquelme?", van a susurrar admirados. Y sí, la respuesta es sí, yo te vi jugar. Y sin embargo, no quiero dejar de verte hacerlo. Esto puede quedar en la nada, porque en este embrollo de especulaciones y verdades, no puedo rescatar ninguna con solidez. Quizás hable al pedo, quizás no te vayas nada, no se te haya cruzado por la cabeza; Dios quiera que así sea. Pero tu hermano se enorgullece de vos con palabras melancólicas, Bianchi guarda silencio diciendo que tiene sus razones (¿será que él, tu papá bostero, ya sabe que no querés seguir, en caso de que no quieras?) y vos pedís 50 camisetas para entregarlas este domingo. Paranoia o no, todo apunta a que te vas. Y no quiero. No quiero que este romance termine, aunque seguirá después de tu nombre. Porque yo seré riquelmista, aún cuando Riquelme no exista más. Aún cuando no existas. Pero ahora existís, ahora sos el más grande, ahora y siempre, y no te quiero perder. ¿Cómo se pueden contener las lágrimas? No te podés ir, Román. El hincha te quiere, el hincha quiere verte seguir. No abandones la batalla, tu papá bostero sigue un rato más, aguantálo, terminá con él, victoriosos o no, quién sabe, pero al menos con la cabeza en alto, y juntos, tomados del brazo como en aquél entrenamiento vespertino, él lleno de gloria, y vos de historia. No te vayas. Quedáte un rato más. El pueblo te lo pide; ese pueblo que está ahí, a tu lado. Mañana, pasado, y el día siguiente. Eternamente, Román. Eternamente con vos.
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